¿Cuánto cuesta un grado menos? El impacto del frío sobre la productividad en recría

Yamila Leonardi - Med Vet. Especializada en porcinos

Cuando llegan las bajas temperaturas, gran parte de los esfuerzos en la granja se orientan a mantener a los lechones cómodos y productivos. Sin embargo, no siempre es suficiente con cerrar cortinas o encender calefactores. El frío, las corrientes de aire, la humedad y una ventilación inadecuada pueden afectar significativamente el desempeño de los animales, incluso cuando la temperatura de la sala parece correcta.

En producción porcina, el ambiente constituye uno de los pilares del desempeño productivo junto con la genética, la sanidad y la nutrición.

Durante la recría, pequeños desvíos respecto de las condiciones de confort pueden traducirse en pérdidas de eficiencia que muchas veces pasan desapercibidas.

Comprender cómo el frío afecta al lechón y qué impacto tiene sobre el uso de los nutrientes es el primer paso para reducir esas pérdidas y mejorar la rentabilidad del sistema.

El lechón: una categoría especialmente sensible

A diferencia de los animales adultos, los lechones poseen una elevada relación superficie/volumen corporal, menor cobertura grasa y una capacidad limitada para regular su temperatura, lo que los convierte en una de las categorías más sensibles al frío. Luego del destete, además de enfrentar el estrés propio del cambio de alimentación y ambiente, deben mantener su temperatura corporal dentro de límites compatibles con la vida y el crecimiento. Cuando las condiciones ambientales descienden por debajo de su zona de confort, el organismo activa mecanismos destinados a conservar calor.

El termómetro no siempre cuenta toda la historia

Uno de los errores más frecuentes es evaluar únicamente la temperatura indicada por el termómetro de la sala.
Los cerdos responden a la denominada temperatura ambiental efectiva (TAE), que no depende únicamente de la temperatura del aire, sino también de factores como la velocidad del aire, la humedad, el aislamiento de las instalaciones y el tipo de piso. Por este motivo, una sala que aparentemente se encuentra a una temperatura adecuada puede resultar fría para los animales.

Factores que reducen la temperatura ambiental efectiva

Las corrientes de aire aumentan la pérdida de calor por convección, generando una sensación térmica inferior a la temperatura real de la sala. Del mismo modo, los pisos fríos o húmedos favorecen la pérdida de calor por conducción, mientras que un aislamiento deficiente incrementa el enfriamiento del ambiente y dificulta mantener condiciones estables durante el invierno. Muchas veces, el amontonamiento de los lechones es la primera señal de que alguno de estos factores está afectando su confort térmico

Cuando el frío consume la energía que debería transformarse en kilos.

Todo cerdo utiliza la energía consumida para mantener sus funciones vitales y producir tejido muscular y graso. Mientras permanece dentro de su zona de termoneutralidad, la mayor parte de esa energía puede destinarse al crecimiento. Sin embargo, cuando la TAE desciende por debajo de la Temperatura Critica Inferior (TCI), aumenta la producción de calor metabólico para mantener la temperatura corporal. Como consecuencia, se incrementa el consumo de alimento, empeora la conversión alimenticia y se prolonga el tiempo necesario para alcanzar el peso objetivo.

Los lechones muestran lo que sienten

El comportamiento animal es una herramienta sencilla y muy útil para evaluar el confort térmico.

Cuando los lechones tienen frío suelen observarse:

  • Animales agrupados en busca de calor.
  • Menor actividad.
  • Búsqueda de zonas protegidas de las corrientes de aire.
  • Menor uniformidad dentro del lote.

Por el contrario, cuando los animales se encuentran dispersos, descansan cómodamente y mantienen un comportamiento normal, es probable que las condiciones ambientales sean adecuadas.

El costo económico del frío

Diversos trabajos han demostrado que los cerdos expuestos a temperaturas por debajo de su TCI incrementan el consumo de alimento para compensar la energía utilizada en mantener la temperatura corporal. De acuerdo con estimaciones basadas en modelos de requerimientos energéticos, un lechón de alrededor de 20 kg de peso vivo puede requerir aproximadamente 15 gramos adicionales de alimento por día por cada grado Celsius que la TAE se encuentra por debajo de su TCI. En animales de mayor peso, este requerimiento adicional es aún más elevado. Esto significa que una parte del alimento consumido deja de destinarse al crecimiento y pasa a cubrir requerimientos de mantenimiento. En situaciones de frío sostenido, incluso pequeñas diferencias en la TAE pueden traducirse en varios kilogramos adicionales de alimento consumido por animal a lo largo del ciclo productivo, impactando directamente sobre los costos de producción.

De acuerdo con estimaciones basadas en modelos de requerimientos energéticos, un lechón de alrededor de 20 kg de peso vivo puede requerir aproximadamente 15 gramos adicionales de alimento por día por cada grado Celsius que la TAE se encuentra por debajo de su TCI.

En sistemas de recría, estas pérdidas suelen pasar desapercibidas porque no siempre se traducen en enfermedad o mortalidad. Sin embargo, se reflejan en indicadores como una menor ganancia diaria de peso, peores índices de CA y un mayor número de días para alcanzar el peso objetivo. El resultado final es un aumento del costo por kilogramo producido y una menor eficiencia global del sistema.

Nutrición y ambiente: dos factores inseparables

La mejor dieta no puede compensar un ambiente inadecuado. El éxito productivo en recría depende de comprender que nutrición y ambiente forman parte de un mismo sistema. Cuando los lechones permanecen dentro de su zona de confort térmico, la energía consumida puede destinarse a lo que realmente importa: crecer de manera eficiente.

Conclusión

Durante el invierno, controlar la TAE debe ser una prioridad dentro de la recría. Corrientes de aire, pisos húmedos, deficiencias de aislamiento y una ventilación mal manejada pueden generar pérdidas productivas significativas aun cuando la temperatura medida parezca adecuada.

Mantener el confort térmico no debe considerarse un gasto, sino una inversión. Cada grado que logramos conservar dentro de la zona de confort representa una mayor eficiencia en el uso de los nutrientes, mejores ganancias de peso y una producción más rentable.

Porque en recría, muchas veces, un grado menos cuesta mucho más de lo que creemos.

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