Cachorras primerizas: Cómo prevenir el efecto de segundo parto, desde el primer parto
Una buena cachorra no se evalúa solamente por los lechones que produce en su primera camada. El verdadero desafío es lograr que esa hembra llegue bien a los siguientes partos, manteniendo una buena productividad y longevidad.
La preparación comienza en la recría, continúa durante la primera gestación y tiene uno de sus puntos más críticos durante la primera lactancia.
Preparar a la futura reproductora
El objetivo durante la recría no es simplemente alcanzar un determinado peso, sino lograr un animal con buen desarrollo corporal, locomotor y reproductivo, acompañado de una condición corporal adecuada.
Como referencia, dependiendo de la genética y del programa de reposición, el primer servicio puede ubicarse alrededor de 140–160 kg y 240–260 días de edad. Estos valores deben interpretarse junto con el desarrollo y la condición corporal de cada hembra.
Hay que evitar los extremos:
una cachorra insuficientemente desarrollada o una hembra excesivamente pesada al servicio. Un crecimiento demasiado rápido puede afectar la longevidad y la estructura locomotora, mientras que una restricción nutricional excesiva durante las etapas críticas puede perjudicar el desarrollo mamario.
El objetivo no es hacer crecer a la cachorra lo más rápido posible, sino hacerla crecer de forma balanceada.
Nutrición durante la recría
La alimentación debe acompañar el desarrollo de huesos, pezuñas, aparato reproductivo y tejido mamario.
Por eso la dieta, de una cachorra de reposición, debe estar formulada específicamente para esta etapa, considerando no solo energía y proteína, sino también aminoácidos, minerales y vitaminas.
Una restricción excesiva del consumo durante determinados períodos puede afectar el desarrollo de la glándula mamaria y, potencialmente, la producción de leche en futuras lactancias.
Primera gestación: la cachorra todavía está creciendo
Después del servicio, la hembra continúa creciendo mientras debe afrontar una nueva demanda: el desarrollo de los fetos y la preparación de la glándula mamaria para la lactancia.
Durante esta etapa debe cubrir:
- Mantenimiento.
- Crecimiento corporal.
- Desarrollo fetal.
- Desarrollo mamario.
Preparación para la producción de calostro y leche
Esto diferencia a una primeriza de una cerda adulta.
La alimentación debe permitir que llegue al parto con suficientes reservas corporales, pero sin sobrecondicionarla. Una condición corporal excesiva al parto puede reducir el consumo durante la lactancia y favorecer una utilización menos eficiente de las reservas.
Primera lactancia: el momento clave
La hembra debe producir leche para una camada numerosa mientras todavía está completando su propio desarrollo. Si el consumo de alimento no acompaña esta demanda, puede movilizar rápidamente sus reservas corporales.
El objetivo es claro:
Maximizar el consumo y minimizar la pérdida de condición corporal.
Para lograrlo, no alcanza con una buena dieta. También es fundamental trabajar sobre el manejo:
- Agua abundante y de buena calidad.
- Comederos correctamente regulados.
- Alimento fresco y disponible.
- Ambiente confortable.
- Programa de alimentación progresivo.
- Control del consumo real.
La formulación debe cubrir los elevados requerimientos de energía y aminoácidos de la cerda lactante, pero el manejo diario es determinante para que ese potencial se exprese.
La glándula mamaria: un punto que no debemos olvidar
La primera lactancia también es importante para el desarrollo mamario de la futura cerda adulta.
La estimulación y utilización adecuada de las glándulas mamarias durante esta etapa contribuyen al desarrollo de tejido mamario funcional para las siguientes lactancias.
Por eso, el manejo de las camadas de primerizas no debería enfocarse únicamente en que los lechones mamen correctamente, sino también en lograr la utilización completa de la capacidad mamaria.
¿Qué es el efecto del segundo parto?
En condiciones normales, esperamos que una cerda mejore su tamaño de camada en el segundo parto. Sin embargo, algunas primerizas presentan una reducción o ausencia de mejora en los nacidos. Este fenómeno se conoce como efecto o síndrome del segundo parto.
No tiene una única causa. Puede estar relacionado con:
- Desarrollo insuficiente al primer servicio.
- Edad y peso al servicio.
- Excesiva pérdida de condición durante la primera lactancia.
- Condición corporal al destete.
- Intervalo destete-servicio.
- Duración de la lactancia.
- Estación del año.
- Manejo y condiciones particulares de la granja.
Uno de los principales puntos de atención es la pérdida excesiva de reservas durante la primera lactancia. Una movilización corporal elevada puede afectar el funcionamiento reproductivo posterior y comprometer la siguiente gestación.
¿Qué podemos hacer en la granja para prevenirlo?
- Seleccionar correctamente las cachorras
Considerar desarrollo, estructura locomotora, crecimiento y características reproductivas. No todas las hembras tienen el mismo potencial como futuras reproductoras.
- Controlar el crecimiento
Buscar el peso y desarrollo recomendados por la genética, evitando tanto el crecimiento excesivo como las restricciones nutricionales durante etapas críticas.
- Llegar al servicio con una condición corporal adecuada
El peso por sí solo no alcanza. Dos cachorras con el mismo peso pueden tener una composición corporal diferente.
- Manejar correctamente la primera gestación
Permitir que la hembra continúe su desarrollo sin llegar sobrecondicionada al parto.
- Priorizar el consumo durante la primera lactancia
Agua, ambiente, comedero, calidad del alimento y un programa de alimentación adecuado son herramientas fundamentales para maximizar el consumo.
- Medir, no solamente observar
Registrar consumo, peso y condición corporal desde el parto hasta el destete permite detectar problemas antes de que aparezcan como repeticiones, aumento del intervalo destete-servicio o menor cantidad de nacidos en el segundo parto.
puntos de atención es la pérdida excesiva de reservas durante la primera lactancia. Una movilización corporal elevada puede afectar el funcionamiento reproductivo posterior y comprometer la siguiente gestación.
¿Qué podemos hacer en la granja para prevenirlo?
Conclusión
Durante el invierno, controlar la TAE debe ser una prioridad dentro de la recría. Corrientes de aire, pisos húmedos, deficiencias de aislamiento y una ventilación mal manejada pueden generar pérdidas productivas significativas aun cuando la temperatura medida parezca adecuada.
Mantener el confort térmico no debe considerarse un gasto, sino una inversión. Cada grado que logramos conservar dentro de la zona de confort representa una mayor eficiencia en el uso de los nutrientes, mejores ganancias de peso y una producción más rentable.
Porque en recría, muchas veces, un grado menos cuesta mucho más de lo que creemos.
